Fragmentos de la Tierra
Yo, Luna, quiero contarte sobre unas manos que aprendieron a tejer de nuevo.
Las vi llegar desde el otro lado del océano. Venían de talleres donde la moda se hace rápido, donde las telas pasan por muchas manos sin que nadie sepa de dónde vienen. Pero estas manos buscaban otra cosa.
Las seguí hasta las montañas de México. Ahí se sentaron junto a las tejedoras. No llegaron a enseñar. Llegaron a escuchar el ritmo de los telares de cintura, a entender por qué cada hilo tarda lo que tarda, por qué cada paso tiene su momento.
Las he observado durante años. He visto cómo trabajan juntas: desde que esquilan la oveja hasta que hilan la lana, la tiñen con plantas y la tejen en el telar. Cada paso lo hacen despacio, con cuidado. Todo tiene su tiempo.
Me identifico con ellas. Yo también sigo ciclos. Aparezco y desaparezco. Regreso siempre. Ellas hacen lo mismo con sus prendas: las crean para que duren, para que se reparen, para que acompañen la vida de quien las usa y se transformen con el tiempo.
Una noche, mientras iluminaba un taller, escuché una conversación entre las tejedoras. Hablaban de cómo la ropa nace de algún lugar. Siempre. De una tierra, de un clima, de unas manos específicas. Cuando una prenda sabe de dónde viene, cuenta una historia real.
Tienen razón. Yo he visto nacer y morir civilizaciones. He visto cómo los oficios se pierden cuando nadie los cuida, cuando la prisa los borra. Por eso admiro a quienes eligen tejer despacio, trabajar pequeño, sostener lo que el tiempo y las modas intentan olvidar.
Me gusta verlas trabajar: eligen fibras orgánicas, respetan los ciclos de la naturaleza, conocen a cada persona que toca sus telas. Sin prisa.
He iluminado muchos talleres a lo largo de los siglos. Pero hay algo distinto cuando veo estas prendas terminadas. Brillan de otra forma. Como si guardaran dentro el cuidado con el que fueron hechas, las historias de quienes las tejieron, la memoria de la tierra de donde vienen.
Hoy quiero recordarte que hay otra forma de vestir. Una que honra a quien hace la ropa, que cuida la tierra de donde viene, que entiende que el verdadero valor no está en la novedad sino en la permanencia.
Como yo, que sigo apareciendo noche tras noche, ciclo tras ciclo, iluminando lo que merece ser visto.
Proceso
La ropa nace de algún lugar. Siempre.
La marca que protagoniza nuestra Colaboración 57, Traces, surgió en 2015 cuando su fundadora, Katerine Gutiérrez Villaverde, viajó a México para aprender técnicas textiles ancestrales y replantear la forma de crear moda.
Formada en diseño en Ámsterdam y Amberes, con experiencia junto a Dries Van Noten y como estilista entre Ámsterdam y París, decidió construir un proyecto donde diseño y consciencia fueran inseparables.
Nacida en los Países Bajos con raíces españolas y latinas, Katerine encontró en las comunidades artesanales mexicanas un lenguaje textil profundo, construido sobre memoria cultural y respeto por el tiempo de cada técnica. «Traces se sostiene en el aprendizaje continuo, la colaboración directa y el valor de los saberes ancestrales», explica. «Cada prenda refleja quién la hizo, cómo se hizo y de dónde viene: desde la oveja hasta el esquilado, el lavado, el hilado a mano, el teñido natural con plantas, el tejido en telar de cintura y la costura final.»
La firma también expande esta filosofía hacia otras culturas textiles. La Colaboración reciente con artesanos en India conecta técnicas, materiales y saberes que complementan la producción mexicana y enriquecen el lenguaje del proyecto. «Cada colaboración que realizamos es un puente entre territorios, conocimientos y diseño contemporáneo», afirma Katerine, «donde las prendas se construyen en diálogo, no a distancia.»
«La ropa no nace de la nada», dice. «Nace de una tierra, un clima, unas manos y un saber específico. Cuando una prenda parte de su lugar y su material, cuenta una historia real.» Para ella, el conocimiento vive en las personas, y reconocer quién lo sostiene es reconocer su valor, su tiempo y su historia. «Trabajar de manera pequeña, lenta y visible nos permite cuidar cada paso: calidad, relaciones reales y procesos que puedan sostenerse en el tiempo.»
Elegir el tamaño y el ritmo de producción, nos cuenta, no es una limitación, es una postura. «Trabajar pequeño significa poder mirar a los ojos a quien teje, teñir con las manos que conoces, entender cada material y cada proceso sin intermediarios», explica. «Significa poder responder por cada decisión y construir relaciones que van más allá de una temporada o una colección.» Para ella, la escala no define la ambición del proyecto, define su integridad.
«El verdadero valor no está en la novedad, sino en la permanencia», afirma. «Una prenda que dura, que envejece bien y que se repara acompaña la vida de quien la usa y gana significado con el tiempo.» Para Traces, vestir es un acto de intención. Diseñan para quienes eligen conectar con lo esencial, honrar la tradición y dejar un impacto consciente a través de lo que visten.
Cada pieza es también una invitación a repensar el consumo. «No se trata solo de comprar menos, sino de comprar distinto», dice la fundadora: «entender el origen, valorar el proceso, acompañar la vida de la prenda. Cuando una prenda tiene historia, cuidarla se vuelve natural. Repararla, transformarla o heredarla deja de ser una excepción y se convierte en parte de su ciclo.» De este modo, la marca propone un consumo donde la ropa no se desecha, se sostiene.
Traces trabaja exclusivamente con tejidos orgánicos, hilados y tejidos a mano, siguiendo procesos trazables y respetuosos con la naturaleza. «El ‘cómo’ define el proyecto», concluye Katerine: «los ritmos, las personas involucradas, el impacto. No es solo el resultado final, es todo lo que lo sostiene.» Su misión lo resume así: tejer un nuevo futuro con los hilos de la belleza que honra a los humanos y a la Tierra.
Colaboradores
Traces of the World
Es una marca de moda consciente fundada en 2015 que colabora con artesanos de México e India. Mezcla diseño contemporáneo con técnicas textiles ancestrales y trabaja exclusivamente con fibras orgánicas hiladas y tejidas a mano, en procesos lentos, trazables y respetuosos con la naturaleza y las comunidades.
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LOONA PRESENTA: TRACES OF THE WORLD
Cada prenda invita a conectar con lo esencial y lo espiritual. Diseñamos para mujeres que eligen vestir con intención, conscientes de que cada elección deja una huella a través de su consumo. Cada creación busca inspirar un consumo consciente, honrar la tradición y tejer un futuro más humano y sostenible.
Traces of the World trabaja exclusivamente con tejidos orgánicos, hilados y tejidos a mano, siguiendo procesos trazables y respetuosos con la naturaleza.
“Tejiendo un nuevo futuro con hilos de belleza que honran a las personas y a la Tierra.”
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