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ARGELIA MATUS

DÓNDE CRECEN LAS FLORES 

Donde crecen las flores

Yo, Luna, quiero contarte de un árbol que da frutos que son tan redondos como yo.

Crece en el Istmo de Tehuantepec, cerca del mar, y la gente lo llama morro. Sus frutos son las jícaras, y llevan siglos en las cocinas de esa tierra: sirven para beber agua, para servir la comida, para medir el maíz. Desde aquí arriba las he visto pasar de mano en mano, de abuelas a madres y de madres a hijas.

En una de esas casas creció una niña. Bebía de las jícaras sin pensar mucho en ellas, como se usa lo que siempre ha estado ahí. Cuando creció se fue a la ciudad de Oaxaca a estudiar pintura, y aprendió a mirar despacio: los hilos, las manos, las flores, la noche, el mar.

Una noche la vi volver a las jícaras. Las pintaba con calma, a la luz de una lámpara: flores negras, mujeres de pelo largo entre las ramas de un bosque, pies descalzos caminando entre flores.

Vi también cómo teñía lana y cordones con grana cochinilla, ese rojo que se saca de un insecto pequeñísimo, y hacía pompones que parecen flores que no se marchitan. Después unía las jícaras una tela, les ponía asas y las dejaba listas para salir a la calle colgadas del hombro de otras mujeres.

Me gusta pensar que las jícaras siguen haciendo su trabajo de siempre: guardar. Antes agua y maíz; ahora lo que cada mujer decide llevar consigo durante el día.

Si alguna vez pasas por donde crecen los morros, míralos un momento. Sus frutos se parecen a mí, pero tienen más suerte: a ellos sí los alcanzan tus manos.

Proceso

Para nuestra Colaboración 62, presentamos “Donde crecen las flores”, una colección de bolsas con jícara de la artista oaxaqueña Argelia Matus.

Argelia nació en 1978 en San Francisco Ixhuatán, en el Istmo de Tehuantepec, y estudió Artes Plásticas en la Escuela de Bellas Artes de Oaxaca. Su trabajo abarca la pintura, la gráfica, la experimentación textil y el diseño de objetos utilitarios, con la memoria y la identidad como preocupaciones constantes. Ha participado en exposiciones colectivas en distintos recintos y cuenta con ocho muestras individuales.

Hace diecisiete años fundó la marca que lleva su nombre alrededor de un solo material: la jícara de morro: el fruto del Crescentia cujete, un árbol que crece en el sur-sureste de México y se extiende por gran parte de Centro y Sudamérica. Usada como recipiente, plato, cuchara o vaso, la jícara lleva siglos en las cocinas de esa región, y existe en formas y tamaños muy diversos. Argelia la conoció en ese uso diario, y de ahí nació el proyecto: quiso, en sus palabras, “exaltar un elemento doméstico que había sido cotidiano en las casas de mis abuelas y de mi madre”.

La idea es sencilla: conservar la vocación de recipiente de la jícara y llevarla a otro objeto de uso, la bolsa. Cada pieza parte de un fruto distinto, elegido por su forma y su tamaño, que Argelia pinta a mano con acrílico y protege con barniz. La jícara se convierte en la base de la bolsa y se une a un cuerpo de loneta cruda de algodón con forro de manta. Según el modelo, las asas son de cinta rígida de algodón o jaretas de piola, y algunas piezas llevan pompones de lana natural o cordones teñidos con grana cochinilla, el tinte que se obtiene de un insecto que vive en los nopales y que ha dado a Oaxaca sus rojos y naranjas desde tiempos prehispánicos.

Los motivos pintados vienen del repertorio que alimenta toda la obra de Argelia: las aves, los hilos, las manos, la noche, el mar, las mujeres, la poesía, los sonidos de la naturaleza. En esta serie, las flores son el hilo conductor. Hay jícaras cubiertas de flores negras sobre fondo naranja, mujeres de pelo largo que sostienen una flor entre las ramas de un bosque, pies descalzos que caminan entre flores rojas.

Cada bolsa es una pieza única, hecha a mano en Oaxaca. Como todo objeto de origen natural, la jícara pide cuidados sencillos: protegerla de golpes y caídas, y limpiarla con un paño suave y semihúmedo.

Con esta Colaboración 62 seguimos haciendo lo que más nos gusta: acompañar a quienes trabajan con los materiales de su tierra y les encuentran nuevos usos sin borrar su historia.

Colaboradores

ARGELIA MATUS

Argelia Matus (San Francisco Ixhuatán, Oaxaca, 1978) estudió Artes Plásticas en la Escuela de Bellas Artes de Oaxaca. Su trabajo abarca la pintura, la gráfica, la experimentación textil y el diseño de objetos utilitarios con jícaras de morro. Hace diecisiete años fundó la marca que lleva su nombre; ha expuesto colectivamente y cuenta con ocho muestras individuales.

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ARGELIA MATUS

Bolsas con Jícaras.

En esta colaboración presentamos el trabajo de Argelia Matus, artista oaxaqueña que transforma la jícara, un fruto ligado a la vida cotidiana y a la tradición de México, en piezas que cuentan historias.

Cada bolsa es una pieza única, hecha completamente a mano. Las jícaras son pintadas una a una por Argelia con escenas de mujeres, flores, raíces y elementos de la naturaleza. Después se integran a bolsas confeccionadas en algodón, con tintes naturales como la grana cochinilla y acabados realizados con el mismo cuidado.

Cada pieza celebra los oficios, los materiales de origen natural y el tiempo que requiere hacer las cosas con atención. Son objetos para usar, cuidar y conservar, que llevan consigo la memoria de un territorio, la belleza de lo hecho a mano, el trabajo de una artista que mantiene vivo un saber tradicional y un corazón que late detrás de cada puntada, ofreciendo una mirada profundamente personal.

Todas las piezas son únicas y fueron realizadas en Oaxaca, México.